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Fin de Semana en Tierra de Budas

Hay ocasiones en las que al salir del cine, pasan las horas, hemos dejado atrás la sala, pero la película sigue en nosotros de una manera perseverante, porque la huella que nos ha dejado hace que la estemos recordando, visualizándola constantemente. Eso es lo que me ha pasado este fin de semana cuando llegué a la Comarca de La Vera con la idea de pasar unos días de tranquilidad en plena naturaleza.

El lugar elegido para ello por mi compañero de viaje fue el Centro de Retiros Tierra de Budas, al pie de la falda sur de la Sierra de Gredos, perteneciente geográficamente al municipio de Villanueva de La Vera. Se trata de una extensa finca ubicada en un fantástico entorno, rodeada de zonas boscosas y gargantas que fluyen y caen sin cesar desde las alturas montañosas haciendo constantes cascadas de agua para deleite de nuestros ojos, encontrándose también un pequeño pantano justo por detrás, en los lindes de la finca; completando el paisaje un sinfín de caminos, sendas... rutas establecidas o por descubrir para escapar del ajetreo de la ciudad y de la rutina soportada en ella. Desde luego que Raúl atinó en su elección, este lugar es, sin duda, un emplazamiento idílico para descansar, un lugar que invita a la calma como pocos.

El complejo, que en sí lleva funcionando desde el verano pasado, me impresionó porque me sentí trasladado a un mundo diferente... rodeado por una pared de piedra, está repleto de vegetación y de árboles que, debido al abandono de la finca durante años por los anteriores propietarios, se están recuperando poco a poco. Nada más llegar te encuentras con un pintoresco muro que te da la bienvenida y te anticipa un pasillo hasta el edificio repleto de estandartes y banderas de colores, La distancia hasta la entrada la caminamos fijándonos en cómo el viento mecía aquellas banderas de oración que nos deseaban lo mejor y nos aportaban la alegría de su colorido y la energía de sus sagrados símbolos y mantras escritos. Al contemplar la arquitectura de aquella construcción sientes que una pequeña porción del Tibet ha venido hasta aquí a enraizarse en esta tierra de la comarca cacereña.

Antes de llegar a la puerta hay un puente de madera que es digno de admirar por lo bonito que es y lo que transmite, no es muy grande, pero está adornado a cada lado por seis magistrales Ruedas de Dharma doradas. Cuando entras en el interior se aprecia sencillez y buen gusto en la decoración, una ambientación ideal, que por supuesto hace alusión a temas tibetanos. Los techos están reforzados con vigas de madera que embellecen sobremanera el lugar. Todo remodelado y adaptado a las necesidades tanto de descanso como espirituales.

La habitación que dispusieron para nosotros fue La Tara Blanca, una estancia idónea, nueva, moderna, con encanto; encanto que se ampliaba al abrir la ventana y contemplar lejanas las cimas del Almanzor y la Galana. Después de la cena, (por cierto: ¡Bravo por el cocinero!) aquella noche nos invitaron a conocer distintos lugares que en principio no están a la vista: El templo, la biblioteca... nos hablaron de los trabajos desarrollados; nos explicaron detalles de sus símbolos,  sus emblemas... acercándonos  a comprender parte de esa cultura ancestral y religiosa que es el budismo. Paseamos con ellos por la zona ajardinada próxima al edificio, iluminada de forma formidable por unas farolas bajas. Fue un pequeño recorrido entrañable y cordial en el que, sobre todo al entrar en el templo, llegas a sentir un algo especial que te hace estar en buena consonancia con todo.

Ni  Raúl (más versado que un servidor en estas cuestiones religiosas, o si se quiere filosóficas), ni yo, podíamos imaginar  al entrar el viernes por la tarde en aquel recinto, que dentro hallaríamos mucho más que sus puertas de entrada o salida, y que el regreso lo haríamos cargados de sensaciones inexplicables... porque lo más importante se encuentra en sus moradores, en la personas que trabajan, que viven allí y que te acogen con todo su corazón, logrando transmitirte positivismo en su afán de hacerte sentirte bien, apreciando que lo hacen encantados porque es su razón de ser. Gente de buena disposición que te hacen olvidar los sinsabores de la vida de los que llegaste huyendo, sintiéndote en familia en tan sólo unas horas

Agradecer al Lama Ghese Tsering Palden y a Ghese Ngawang losel, a Amparo, a Lobsang, a Gonzalo, su enorme hospitalidad hacia nosotros, porque con su buen hacer convirtieron aquello que iba a ser una parada de fin de semana más, en algo mucho más trascendental en nuestras vidas... Hay cosas que no se aprecian a simple vista.

A veces te vas a pasar un fin de semana y resulta que el fin de semana no se va de ti, que su imágenes, sus voces, sus formas, su mensaje, te han dejado una huella imborrable... y maravillosa.

Salvador  Úbeda

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